La llegada de un hermanito: El príncipe destronado


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La envidia y los celos son sentimientos muy complicados y frecuentes en las relaciones entre hermanos. La llegada al mundo de un nuevo bebé a una familia en la que ya había un protagonista suele tener en éste un fuerte impacto que habrá que observar para que no vaya a mayores y no suponga un problema para él/ella, ya que en ocasiones suele ocurrir que por el hecho de encontrarnos con un nuevo peque en la casa asignamos responsabilidades y roles que no le corresponden al herman@ mayor. Incluso en algunos casos se llega a olvidar que sigue siendo un niño que de no ser por el reciente nacimiento recibiría la atención exclusiva de sus padres.

Las relaciones entre hermanos merecerían un monográfico ya de por sí, pero dependiendo de cada familia existen diferencias en la forma de vivir las relaciones entre éstos, aunque suelen caracterizarse normalmente por tener altos y bajos y moverse entre el amor y el odio. Por tanto, generan grandes oportunidades para aprender, pero al mimo tiempo, pueden ser una fuente inagotable de conflictos y problemas disfrazados en ocasiones de sentimientos como los citados celos y envidias.

La envidia se genera al denotar en otra persona algo que se desea. Se trata de un sentimiento complejo que aglutina emociones contradictorias, como pueden ser el deseo de tener lo que otro tiene, el dolor por no tenerlo, admiración o indignación por considerarlo injusto.

También es interesante aclarar que la envidia es un sentimiento que se genera entre dos personas, pero que al hablar de celos estamos incluyendo a un tercero en discordia que actúa como elemento pasivo normalmente pese a ser el objeto o motivo generador del sentimiento … y que para más señas, en estos casos suelen ser la madre, el padre o incluso ambos.

En una primera etapa de celos diríamos que son unidireccionales, ya que sólo se producen por parte del primogénito al hijo pequeño cuando aún es un bebé. Posteriormente, el bebé se hace algo mayor y empieza a actuar en un escenario de mayor igualdad con el hermano mayor, ya que se puede defender hasta cierto punto de los “ataques” del hermano mayor, pasando a ser bilaterales, ya que ambos hermanos pueden rivalizar por obtener el amor y atención exclusivos de los padres. Así, mientras que el mayor intenta reconquistar sus derechos de primogénito y eliminar al “intruso” intentando destacar y mostrando su poder ante su hermano pequeño, éste trata de hacerse un hueco en la familia por todos los medios rebelándose ante las constantes muestras de jerarquía de su hermanito mayor, haciéndole ver que los únicos que pueden mandar entre ellos son los padres.

Pero como las envidias y los celos entre hermanos que se llevan menos de cinco años no se producen en todos los casos y en este terreno siempre se comienza con experiencia nula, conviene destacar algunos de los síntomas que pueden derivar o demostrar que efectivamente se está generando una situación como la que estamos describiendo.

En primer lugar se producen una serie de trastornos que suelen desaparecer alrededor de ocho meses después del nacimiento del hermano, y que pueden manifestarse como problemas en el sueño y en el control de esfínteres, llanto frecuente, retraimiento, disminución de la autonomía y la concentración.

A su vez, también hay consecuencias más sociales como pueden ser la hostilidad hacia la madre y en ocasiones incluso hacia el padre, a los que desobedecen en forma mucho más frecuente que antes del nacimiento de su hermano. En el caso de producirse este tipo de problemas, cabe destacar que en la mayoría de las ocasiones disminuyen al cabo de un año. Sin lugar a dudas, el mejor ejemplo sintomático se da cuando al poco tiempo de nacer el bebé el hermano mayor aprovecha el momento en el que su padre o su madre prestan atención al “intruso” para hacer aquello que siempre ha tenido terminantemente prohibido y que nunca antes había hecho.
¿Pero cómo podemos prevenir los celos y prevenir las envidias? Como siempre decimos, cada caso está lleno de particularidades y generalizar puede eliminar matices muy válidos en algunos casos, pero en primer lugar conviene aclarar que si el niño cuenta con más de un adulto a su alrededor que le aporte seguridad y atención es más complicado que se produzcan los celos, o al menos más sencillo que se reduzcan. La comunicación entre padre/madre e hij@ siempre es positiva, y este caso no iba a ser una excepción.

Otra opción que suele dar muy buenos resultados es ayudar al niño a asumir su nuevo papel de hermano mayor involucrándole en la estimulación y el cuidado del bebé recién nacido, de forma que se sienta importante y eficaz en esas situaciones que a partir de ahora se van dar a menudo. De esta manera, el niño entenderá que la llegada del bebé es algo que afecta a toda la familia, y que no es un capricho o una “conspiración” de sus padres contra él.

No obstante, cuando el niño pequeño ya ha crecido y comienza a competir con su hermano con armas similares, se tiende a un reparto de papeles o roles que en ciertos casos no es positivo para ninguno de los dos. En dichas situaciones, conviene que los adultos destaquen los progresos de cada niño en los distintos ámbitos sin tomar como referencia los logros obtenidos por su hermano, sino comparando al propio niño con otra situación que él mismo haya realizado y en la cual no se puedan suscitar envidias o rencores. En los casos en los que existen grandes diferencias entre ambos hermanos, no es conveniente usarlas para valorar el nivel de cada uno, ya que puede cundir el desánimo y despertar celos innecesarios. En cambio, sí se puede utilizar cuidadosamente el modelo del hermano que realiza bien algo para marcar una referencia ideal del nivel hacia el cuál hay que dirigirse, tratando de despertar así la imitación o una envidia sana.
Lo que parece evidente es que los celos entre hermanos no es que sean frecuentes, sino que en la mayoría de las ocasiones son inevitables. La opción más constructiva es entender los como una ventaja que los padres deben aprovechar para descubrir aquellos puntos “débiles” de cada niño en los que hay que actuar ahora que son pequeños para que aprendan a vivir en paz y respetando a los demás… aunque sean competidores directos.

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Dejar un comentario

  1. Mar:

    El tema de los celos, me preocupaba bastante cuando supe que Pau y Adrián, iban a tener un hermanito, siempre procuré no quitarles su lugar, sino que dejaran sitio al hermanito… he tenido mucha suerte, lo han aceptado perfectamente, bueno, uno de los nenes lo regala por todo, pero en fin… jejeje estoy muy feliz y orgullosa de mis hombrecitos.

    Me encanta el blog, siempre aprendo cosas nuevas cuando vengo, y gracias por tus comentarios en el mio.

    Besos

  2. lola:

    Muchas gracias Mar, qué ilusión hace que nos digas que te encanta el blog y que aprendes con nosotros… :)
    Enhorabuena por los hombrecitos que estás criando y gracias también por compartir en tu blog tus experiencias, a todos nos sirven los ejemplos de los demás!
    Un beso!

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